«Cruyff fue el paso a la modernidad»

¿Qué supuso entrenar en Egipto al Al-Ahly, un club con 50 millones de seguidores?

–Cuando recibí la oferta, las autoridades me aconsejaron no ir (por revueltas sociales). Llamé a la embajada y me lo desaconsejaron por seguridad. Pero volví a llamar, a otro número, y me atendió Marta, la encargada cultural, que me dijo: ‘Vas a vivir muy bien’. Así fue. Vinieron mis hijos y fue un año fantástico: conocimos el Mar Rojo, el Nilo y la esencia de El Cairo. He tenido la suerte de viajar por toda África.

–¿Dónde ha sido más feliz?

–En Casablanca. Me sentí más integrado, bien tratado, y es difícil encontrar una ciudad donde se viva tanto el fútbol, quizá en Buenos Aires y Estambul. Tanto en mi anterior club (el Raja), como en el actual (el Wydad), hay millones de aficionados detrás. Llevo dos años y estoy como en mi casa. Disfruté mucho en Bélgica, en Gante (Brujas).

–¿En Arabia Saudí sufrió la ausencia de democracia?

–Estuve cuatro meses y se me hizo corto. No tuve los jugadores para sentirme entrenador. Mi mujer llevaba un vestido negro que le cubría el cuerpo. Todo lo demás era normal. Nos cuentan cosas exageradas.

–Con los que no se lleva tan bien son los del Villarreal.

–No me llevo de ninguna manera. Estuve allí 13 años, llegué como director de la escuela y me fui como entrenador del primer equipo. El rendimiento fue excelente en todos los terrenos: en la escuela, en la secretaría técnica y con los entrenadores del primer equipo con los que trabajé (Floro, Paquito, Pellegrini, Víctor Muñoz…). Subí al filial a Segunda, la única vez que ha subido. Y como entrenador del primer equipo quedamos cuartos, llegamos a semifinales de la Liga Europa y jugamos la Champions. No he tenido ninguna relación, ¿qué puedo hacer yo?

–¿Le sorprendió el éxito de esa temporada 2010-11?

–No, yo empecé a entrenar a los 22 años y pasé por todas las categorías, desde alevín al fútbol profesional. Cuando llegué al primer equipo ya conocía todo del club: era la persona ideal para entrenar a ese equipo (sustituyendo a Valverde). Subí a 10 jugadores del filial. Se habían marchado Godín, Ibagaza y Llorente, y se dijo que iba a ser una temporada de transición. Después del Barça de Guardiola, que ganó el sextete, fuimos el equipo que jugó más partidos: 60. Fue una de las mejores temporadas de la historia, ojalá algún día pueda reconocerse este trabajo.

–¿Y el ascenso con el filial?

–El día más feliz de mi carrera. He ganado muchos trofeos internacionales, pero ese fue el día más bonito: por cómo gestionamos esa presión en Jaén, con 2.000 personas rodeándonos y tirándonos de todo. Jugaron Juan Carlos, Mario, Oriol, Matilla (recita toda la alineación)… Cambió mi vida.

–¿Y por qué salió todo mal en el Betis?

–Es un sitio fantástico, pero llegué en el peor momento: había una guerra total. Al administrador judicial intentaron quitárselo de en medio, unos estaban a favor de Lopera, otros en contra, la secretaría técnica mostró muy malas artes y se cargaron el club. El secretario técnico hizo una plantilla que no tenía nivel, me prometieron seis fichajes, pero no tenían gestión para llevarlo adelante. Aun así, estoy orgulloso de haber pasado por ese club.

–¿Le dejó marcado?

–Totalmente, fue un fracaso deportivo y hay clubes con maquinaria para culpabilizar al entrenador, perjudicaron mi imagen. Y tuve que salir de España.

–¿Se ha sentido proscrito?

–Me abrió otro mercado. He tenido una carrera personal y profesional satisfactoria. En España tenía que volver a empezar y no esperé a ver qué podía pasar. No me he quedado frustrado: viví la Liga y Europa al máximo nivel. En España no se le da valor al fútbol fuera de Europa. El fútbol europeo va por delante, pero hay muchos españoles por el mundo haciendo cosas de mérito.

–¿Está cotizado el técnico español?

–Sí, porque es muy profesional y exigente en todo: alimentación, control médico, viajes… Todo empezó con Cruyff, Benito Floro, Leo Beenhakker y Valdano. Fue el paso a la modernidad. Yo me sacaba el título y vi cómo estaban entrenando para jugar al fútbol combinativo. Veníamos del juego más vertical con Javier Clemente y pasamos a tener el balón y a incluir el trabajo físico en el propio juego. Después, el fútbol español, con Luis Aragonés y Vicente del Bosque, desarrolló ese estilo. Todos los cambios son criticados y a Guus Hiddink se le decía que no entrenaba: ‘¿Cuándo corren?’ ‘¡Ya están corriendo!’.

–Tiene una preciosa historia personal con Hiddink.

–Una de las mejores influencias del fútbol en España. Mi vida la ha marcado Jorge Simó, que fue mi profesor de Educación Física en el colegio Escolapios y era el preparador físico de Hiddink en el Valencia. Jorge venía cada día a comer a mi casa, el bar Mestalla, en Micer Mascó, y me explicaba en el mantel de papel los entrenamientos con Hiddink. Yo me los iba guardando.

–¿Ha ganado mucho dinero?

–El que he podido para que mi familia vida bien, porque es un oficio muy sacrificado.

–¿Paga muchos impuestos?

–Los que pagamos el 50% de nuestros salarios es para que, en situaciones como ésta (la crisis del coronavirus), los políticos ayuden a la gente, que lo va a necesitar después de un tiempo sin salir de casa.

–¿Qué piensan en Marruecos de España ante la expansión del virus?

–El ejemplo de España ha servido para que aquí se tomen medidas antes: se han cerrado restaurantes y colegios, pero todavía se puede circular.

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