La epidemia se acelera en Francia, que cierra sus playas

Francia tuvo que prohibir este jueves el acceso a las playas y paseos fluviales y marítimos del país porque, a pesar del confinamiento obligatorio, de los constantes llamamientos de las autoridades y de las multas -más de 4.000 en un solo día-, muchos irresponsables siguieron aprovechando los rayos del sol para pasear a orillas del mar. La epidemia de coronavirus se acelera, se han declarado 1.861 nuevos casos en las últimas 24 horas, y el Gobierno se ha visto obligado a declarar el «estado de urgencia sanitaria», que permitirá restringir libertades si las autoridades lo consideran necesario, y que vendrá acompañado de medidas de urgencia para apoyar la economía.

La Asamblea Nacional empezó este jueves a votar el proyecto de ley que pondrá en marcha este recurso excepcional, que ya se utilizó en 2015 durante los atentados terroristas. La amenaza es hoy distinta, pero no es menor. El último recuento cifra en 10.995 los casos confirmados de Covid-19 en Francia, con 372 fallecimientos. La situación «se agrava rápidamente», especialmente en regiones como la de Grand Est, en la frontera con Alemania, y en Île de France (la región que rodea la capital), donde el estado de algunos hospitales es ya «crítico». Preocupan en especial las residencias de ancianos porque, una vez entra el virus en el establecimiento, el 75% de los residentes se ve afectado, «con tasas de mortalidad catastróficas, de más del 20 o el 30%», según alertan desde las asociaciones de médicos.

Muchos de estos ancianos, además, no serán prioritarios cuando, debido a la avalancha de pacientes, los hospitales se vean obligados a hacer una selección. El personal médico ha recibido un protocolo de actuación en caso de saturación de los equipos de reanimación destinados a los pacientes con Covid-19: la prioridad será para aquellos con mayor capacidad de recuperación. «Es la medicina de la catástrofe, -reconocía a ‘Le Monde’ el infectólogo del hospital de Arras, Nicolas Van Grunderbeeck- cogemos a los pacientes que tienen más posibilidades de salir de esta». Para algunos establecimientos, de hecho, la Federación hospitalaria de Francia habla ya de «medicina de guerra», especialmente en la región de Alto Rin, donde un encuentro evangélico hace varias semanas ayudó a extender rápidamente la enfermedad.

Dinero para investigación

Pero entre los casos más preocupantes -de los 4.461 hospitalizados hay 1.122 graves-, no solo hay ancianos, advierte cada noche el director general de Salud, Jerôme Salomon, cuando comunica las nuevas cifras de afectados. La mitad de ellos son menores de 60 años, e incluso hay casos -aunque muy pocos- de personas jóvenes y sin patologías previas que se encuentran en situación crítica.

A pesar de ello, aún son demasiados los franceses «que se toman muy a la ligera» las consignas de confinamiento, deploró este jueves el presidente Emmanuel Macron, que prometió una inyección de 5.000 millones de euros suplementarios para investigación en la próxima década.

De hecho, los prefectos de las regiones mediterráneas tuvieron que ordenar este jueves el cierre de las playas -antes ya lo habían hecho en la Bretaña- para evitar que volvieran a llenarse de gente, como ha sucedido en los últimos días a pesar del confinamiento obligatorio. En Burdeos el ayuntamiento también tuvo que prohibir este jueves el acceso al paseo fluvial junto al Garona, «anormalmente frecuentado» estos días por gente haciendo deporte y en París, la alcaldesa Anne Hidalgo valoraba incluso el cierre de ciertos mercados abiertos, como el de La Chapelle, donde los clientes seguían apelotonándose este jueves sin respetar la distancia de seguridad.

Uno de los motivos autorizados para salir de casa en Francia estos días es para hacer deporte o airear a los niños en las inmediaciones de los domicilios. Un permiso del que algunos están abusando y ha obligado a las autoridades a ser más específicos: se puede correr uno o dos kilómetros cerca de casa, pero no diez. El ciclismo, la equitación o las actividades náuticas están prohibidas.

Informa Paula Rosas. Corresponsal en París

Estados Unidos

EE UU activa la alerta 4 y ordena la vuelta «inmediata» de sus ciudadanos

Una semana después de que el presidente Donald Trump vetase la entrada de vuelos procedentes de la Unión Europea, y un día después de que cerrase la frontera con Canadá, el Departamento de Estado elevó este jueves la alerta al nivel 4 con una orden inquietante para todos sus ciudadanos en el extranjero: Volver «inmediatamente» a casa, «a menos que estén dispuestos a quedarse fuera durante un periodo indefinido», dice el comunicado.

El aviso publicado este jueves en su página web ordena que no se viaje al extranjero y autoriza el retorno de todo el personal diplomático y sus familiares desplegados por el mundo que hayan determinado estar en mayor riesgo si contraen el Covid-19. La decisión de que vuelvan a casa inmediatamente «utilizando cualquier transporte comercial disponible» agravará la situación que se vive ya en los aeropuertos de EEUU, donde el pasado fin de semana las salas de llegadas se abarrotaron de pasajeros llegados en vuelos internacionales que no podían abandonar el aeropuerto hasta ser sometidos a revisiones médicas. Ante la falta de espacio y de métodos uniformes para estas revisiones, los viajeros procedentes de países donde la epidemia se ha hecho fuerte se hacinaban unos encima de otros durante horas, en contrasentido a la normativa de distancia social requerida para frenar la epidemia.

A medida que otros países cierran sus fronteras, el número de estadounidenses varados en otros países aumenta. Como agravante, España es uno de los que ha ordenado evacuar los hoteles, lo que deja en tierra de nadie a los turistas que hace solo una semana disfrutaban de sus vacaciones en el extranjero.

Lejos de entender la necesidad de una respuesta global, el presidente Donald Trump, que se juega la reelección en noviembre, ha decidido difundir la percepción de que se trata de un problema importado. Una foto de ‘The Washington Post’ reveló este jueves que el presidente no llama al coronavirus «virus chino» de forma espontánea, sino que había tachado el nombre en sus notas para escribir encima el mote racista. La acepción ha creado un clima de rechazo hacia los ciudadanos de origen asiático en EE UU, que experimentan una nueva forma de xenofobia.

Informa Mercedes Gallego. Corresponsal en Nueva York

Alemania

Alemania repatría los primeros 7.500 turistas varados fuera del país

Zona de embarque del aeropuerto de Dusseldorf

Zona de embarque del aeropuerto de Dusseldorf / EFE

El ministro alemán de Exteriores, Heiko Maas, anunció este jueves que este miércoles fueron repatriados los primeros 7.500 alemanes que se encuentran varados en sus destinos vacacionales por la suspensión de vuelos y el cierre de aeropuertos y fronteras. «Llegaron en vuelos especiales desde Marruecos, Túnez y Egipto», señaló el jefe de la diplomacia alemana en declaraciones a la televisión pública, ante la que comentó que este fin de semana serán repatriados desde Egipto unos 20.000 alemanes que no tienen manera de regresar desde sus destinos vacacionales en el Mar Rojo. Maas señaló que la operación de «puente aéreo» se está realizando con aparatos de las compañías alemanas Lufthansa, Condor y TUI. El gobierno federal calcula que más de 100.000 ciudadanos de este país podrán beneficiarse de la operación de rescate, que llegará a países tan lejanos como Argentina o Filipinas.

La aerolínea alemana Lufthansa, la mayor del continente europeo, continúa reduciendo su plan de vuelo debido a la crisis mundial por la pandemia. De los 763 aparatos con que cuenta en su flota unos 700 se mantienen en tierra. Sus vuelos intercontinentales parten actualmente solo desde Fráncfort y, a través de su filial suiza Swiss, desde Zúrich. «Cuanto más dure esta crisis más probable será que el futuro de la aviación civil no se pueda garantizar sin ayudas estatales», dijo el presidente de Lufthansa, Carsten Spohr.

Tras el llamamiento de la canciller federal, Angela Merkel, a la solidaridad y el respeto de las normas que dictan las autoridades para evitar la propagación del coronavirus, famosos, médicos y policías han lanzado en las redes sociales la campaña «Quedaros en casa». En Alemania no se ha dictado aun la orden de enclaustrarse obligatoriamente entre las cuatro propias paredes, pero la mayoría de la población parece respetar esa indicación. Entre tanto, el número de infectados suma ya 12.327 casos y 28 personas han perdido hasta ahora la vida tras infectarse con el COVID-19.

El ministro federal de Economía, Peter Altmaier, ha calificado de amplias y necesarias las medidas anunciadas esta madrugada por el Banco Central Europeo (BCE) para afrontar la crisis del COVID-19. El espacio del euro no puede verse amenazado, dijo el político cristianodemócrata, quien se mostró esperanzado de que las bolsas reaccionen positivamente ante la iniciativa del BCE.

Informa Juan Carlos Barrena. Corresponsal en Berlín

Rusia

En Rusia empieza a preocupar más la caída del rublo que el coronavirus

Mientras el presidente Vladímir Putin hace campaña en Crimea ante la votación popular convocada para el 22 de abril sobre la reforma constitucional que le permitirá seguir en el poder hasta 2036, el coronavirus en Rusia avanza paulatinamente. Los últimos datos oficiales hablan de 147 casos de COVID-19 a través de todo el país, de los que 87, más de la mitad, corresponden a Moscú. este jueves jueves se ha producido la primera muerte por la enfermedad, una mujer de 79 años en un hospital de la capital rusa, y hay en observación 22.000 personas en todo el país para determinar si habrían podido contraer el virus. Por otro lado, la gente empieza a no creerse la información de las autoridades sobre la envergadura real de la pandemia.

No obstante, preocupa más la evolución de la economía, la pronunciada caída de la moneda nacional, el rublo, y las consecuencias que pueda tener la actual situación para los bolsillos. La depreciación del rublo amenaza con desencadenar un proceso inflacionista que dispare los precios en general y en especial los de los productos básicos en medio de la pandemia. Un reciente sondeo indica que el 60 por ciento de los rusos teme más el desplome del rublo y a la inevitable subida de los precios que contagiarse con el COVID-19 mientras tan sólo un 29 por ciento piensa al revés.

Desde principios de año, el rublo ha perdido un 24 por ciento frente al euro y un 26 por ciento frente al dólar. Los pronósticos sostienen que la moneda rusa seguirá descendiendo mientras también lo siga haciendo el petróleo, materia prima de cuya exportación depende significativamente la economía rusa. Y el banco de inversión Goldman Sachs vaticina que el oro negro podría situarse pronto en los 20 dólares por barril, lo que supondría un nuevo mínimo histórico.

La situación se agrava además por el hecho de que China y la Unión Europea han decidido dejar de comprar petróleo ruso. Mañana viernes se reúne el consejo de dirección del Banco de Rusia (el bando central del país) y se espera que adopte medidas para detener el hundimiento del rublo, que podrían ser modificar la tasa de interés o acelerar la compra de divisa extranjera.

Mientras tanto, Rusia habilita más y más hospitales para recibir enfermos de coronavirus y está levantando uno nuevo según el esquema chino de construcción acelerada en la periferia suroeste de la capital rusa. Estas medidas junto a otras tan tajantes como cerrar el país a los extranjeros, suspender los eventos públicos, incluidas las competiciones deportivas, cerrar teatros y museos y castigar con hasta cinco años de cárcel a quienes se salten una cuarentena, son las que hacen sospechar a la población que los casos de COVID-19 en el país están muy por encima de lo que indican la cifras oficiales.

El Gobierno ruso ha advertido este jueves a través de un comunicado que la pandemia del coronavirus supone «una de las peores crisis de salud mundiales de los últimos 50 años» y, por tanto, no descarta nuevas medidas «restrictivas» para frenar su expansión.

Los supermercados, por su parte, empiezan a acusar cierto déficit de existencias debido a que la población está haciendo acopio de alimentos y artículos de primera necesidad ante un posible e inminente confinamiento domiciliario a nivel general. Las autoridades sostiene que tal situación se subsanará enseguida, ya que aseguran que los almacenes de logística están repletos y lo que ha habido es un «pequeño desfase» en el transporte de mercancías.

Todo esto sucede mientras la Unión Europea acusa a los medios de comunicación oficiales rusos de difundir noticias falsas sobre el COVID-19 susceptibles de «poner en peligro» la vida de las personas. Es al menos la conclusión reflejada en un informe interno de Bruselas que se ha filtrado a la prensa y en el que se subraya que los medios afines al Kremlin «propagan desinformación sobre el coronavirus para agravar la crisis de salud pública en los países occidentales», en particular, bulos sobre la supuesta incompetencia de las autoridades europeas y estadounidenses en la gestión de la crisis sanitaria. Se trataría, según el documento comunitario, de socavar la confianza de la población en sus dirigentes y en el dispositivo sanitario con alertas de inminente «colapso» en los hospitales. Todo para generar pánico y desasosiego. Rusia no ha respondido por ahora a estas acusaciones.

Informa Rafael M. Mañueco. Corresponsal en Moscú

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