Novelas eternas para acortar la cuarentena

Las horas pasan más rápido con un buen libro entre las manos. La cuarentena se torna en una oportunidad para rescatar esos títulos arrumbados en nuestras estanterías, aguardándonos desde hace tanto. Son algunos de esos novelones eternos a los que nunca acabamos de darles un oportunidad, del ‘Quijote’ a ‘Guerra y Paz’ o ‘Los miserables’, pasando por ‘En busca del tiempo perdido’, los ‘Episodios nacionales’ o clásicos más recientes como ‘Cien años de soledad’ y ‘2666’. Muchos de ellos son accesibles en plataformas gratuitas y en bibliotecas ‘online’.

‘Don Quijote de la Mancha’. Miguel de Cervantes

En tiempo de zozobra, bien merece la pena darle otra oportunidad al ingenioso hidalgo Alonso Quijano y a su fiel escudero Sancho Panza, con cuyas caballerescas y grotescas aventuras fundó Miguel de Cervantes Saavedra la novela moderna. Entre ‘En un lugar de la Mancha…’ y ‘Vale’, principio y final de la universal novela cervantina, se encierran un millón de historias, lecciones de vida, dramas y comedias, momentos para la reflexión, la lágrima y la carcajada. Un lúcido tratado de la condición humana, que nos enseña quiénes y cómo somos a través del loco acaso más cuerdo de la literatura universal.

«La gran mayoría no lo ha leído, pero muy pocos lo reconocen», denuncia Andrés Trapiello de la novela de Cervantes que el escritor leonés tiene por «una llave maestra con respuestas para todo, incluso a la corrupción política actual». A quien se le atragante el castellano antiguo, puede recurrir a la traducción de Trapiello al castellano actual que publicó Destino. Su ‘Don Quijote de la Mancha’ respeta la primera frase del original -«intocable, como el Partenón»-, pero ya en la segunda la «lanza en astillero» se torna en «lanza ya olvidada» y la «adarga antigua» en «escudo antiguo». Así ocurrirá miles de veces en las más de mil páginas del libro. Trapiello dedicó 14 años a esta aventura «un punto quijotesca y casi secreta» que ocultó a su propia familia. Expresiones como «picáredes más de saber» se convierten en «si os hubierais jactado»; «argado sobre argado» en «llueve sobre mojado»; las «mamonas» son «sopapos»; «echar todo a treces» es «mandarlo todo a hacer puñetas»; los «cañutos de jeringas» se convierten en «cánulas» y «de hadas o de mangas» se traduce por «bien o mal logrado».

‘Guerra y paz’. León Tolstói.

Las 1.900 páginas de ‘Guerra y paz’ imponen. Lectura obligatoria en las escuelas rusas, su monumentalidad arredra a muchos y les priva del disfrute de una de las grandes novelas de todos los tiempos. Obra cumbre, junto a Ana Karenina, de León o Lev Tolstói (1828-1910) y de la narrativa del XIX, constituye un vasto y épico fresco histórico. Con la campaña napoleónica contra Rusia como trasfondo -Austerliz, Borodino o el incendio de Moscú- entre los años 1805 y 1813, narra la historia de dos familias de la nobleza rusa, los Bolkonski y los Rostov, protagonistas de un mundo a punto de desaparecer.

Tolstói ofrece una epopeya coral de una época y radiografía el alma humana como solo lo logran los grandes literatos. Además de exhaustivo manual de historia de las guerras napoleónicas, «quizá sea ‘Guerra y Paz’ el libro de autoayuda más extenso jamás escrito», según Irina Petrovitskaya, profesora de literatura en la Universidad Estatal de Moscú. Experta en la obra de Tolstói, cree que ‘Guerra y Ppaz’ «nos plantea preguntas como ¿quién soy?, ¿para qué vivo? o ¿para qué nací?». «Nos cautiva porque contiene los problemas filosóficos eternos que preocupan a todo ser humano: qué significa el amor o qué es el mal», agrega la experta. «Cuando se lee a Tolstói, se lee porque no se puede dejar el libro», decía Vladimir Nabokov, convencido de que la amenidad no tiene por qué estar reñida con la amplitud.

‘Los miserables’. Víctor Hugo

Publicada en 1862, ‘los miserables’ es un éxito inoxidable que no ha dejado de ser en 150 años un bombazo en todos sus presentaciones, del libro al cine, el musical o el cómic. Denuncia contra la opresión, defiende que, más que pobres, hay empobrecidos, forzados a serlo por un sistema injusto. Proclama que la transformación de una sociedad late en cada individuo, de forma que cuanto más cambien ellos, más cambiará la sociedad.

Víctor Hugo (1802-1885) traza en las casi dos mil páginas de su novelón un portentoso retrato de la Francia de la primera mitad del siglo XIX a través de sus gentes y sus convulsiones sociales y políticas: la Restauración borbónica, la Revolución de 1830, La Entente Cordiale, la Revolución de 1848 y el autogolpe de estado de Carlos Luis Napoleón Bonaparte para convertirse en el emperador Napoleón III. La acción transcurre entre 1815, año de la restauración monárquica, y 1848, con las revoluciones de 1830 y 1848 en medio y las profundas consecuencias de la Revolución Industrial que irrumpía desde Inglaterra.

Para reflejar tanta complejidad con feroz realismo eligió Hugo a Jean Valjean, el protagonista, y nos mostró su caída y su ascenso social y moral. Para el villano se inspiró en un personaje real, Vidocq, criminal que se redimió y acabó inaugurando la Policía Nacional. A través de ellos nos cuenta una historia moral sobre la eterna pelea entre el bien y el mal, la ética y la justicia, lo trascendental y lo contingente. Por más que se haya disfrutado de las película y los musicales a las que ha dado pie la monumental novela de Hugo, leerla es disfrutar de la literatura con mayúsculas.

‘Episodios nacionales’. Benito Pérez Galdós

Estamos en el ‘Año Galdós’ un pretexto perfecto para acercarse a a obra del autor grancanario que murió en Madrid el 4 de enero de 1920. Fue quien mejor reflejó su época en novelas como ‘Fortunata y Jacinta’ (1887), y trazó la gran crónica de la España del siglo XIX y perfiló su conciencia en las cinco series de 46 capítulos de sus ‘Episodios’, publicados entre 1873 y 1912, que cubren casi un siglo, de la batalla de Trafalgar (1805) con la que comienza la saga hasta la Restauración (1874). Galdós (1843-1920) sigue las andanzas de diversos personaje ficticios hasta las segundas nupcias del rey Alfonso XII con María Cristina de Habsburgo-Lorena y el nacimiento de su primogénita, la princesa de Asturias María de las Mercedes, infanta que no llegó a reinar. Hay consenso sobre la relevancia de la obra de Galdós, que rozó el Nobel en 1915. Incluso autores tan radicalmente cervantistas como Andrés Trapiello, equiparan el genio del canario al del autor del ‘Quijote’. Don Benito sigue siendo un faro para autores de hoy como Almudena Grandes, que recrea casi el formato de los ‘Episodios’ en su aventura narrativa sobre la ‘interminable’ guerra civil, Manuel Longares o Antonio Muñoz Molina. No faltó, sin embargo, quien condenara su realismo, tildado de ‘rancio’ y ‘garbancero’, por Valle Inclán, Juan Benet o Francisco Umbral.

‘En busca del tiempo perdido’. Marcel Proust

Cima de la literatura francesa del siglo XX, ‘En busca del tiempo perdido’ es una de las más grandes creaciones literarias de todos los tiempos. Marcel Proust (1871-1922), parapetado tras un narrador joven, hipersensible y perteneciente una rica familia, fija una época a través de los decadentes y aristocráticos personajes –sobre todo femeninos– que le acompañaron a lo largo de su vida.

Con más de tres mil páginas escritas entre 1908 y 1922 ‘À la recherche du temps perdu’, se divide en siete volúmenes: ‘Por el camino de Swann’, ‘A la sombra de las muchachas en flor’, ‘El mundo de Guermantes’, ‘Sodoma y Gomorra’, ‘La prisionera’, ‘La fugitiva’ y ‘El tiempo recobrado’. Publicadas en Francia entre 1913 y 1927, las dos últimas entregas lo fueron carácter póstumo. Disfrutarlo exige cierta disposición. Su alambicado estilo recurre a frases largas o muy largas, a veces de más de media página. Se detiene en prolijas descripciones de gran belleza poética y enorme poder evocador, como la de la celebérrima «magdalena» que, mojada en té, devuelve al narrador, un trasunto Proust, a su infancia y desata la cascada de recuerdos que arman la novela. Es una obra maestra en torno a los laberintos de la memoria que abrió un nuevo y fecundo caminos en el campo de la ficción. El penado alemán Walter Benjamin se refirió a la capacidad para retratar de Proust como una «fisiología del chisme».

‘Cien años de soledad’. Gabriel García Márquez.

Un libro para descubrir o para regresar. De apenas cuatrocientas páginas, es la obra cumbre de Gabriel García Márquez y la cima del realismo mágico, el género que alumbró el genial narrador colombiano y atrapa desde la primera página con la inolvidable y veces inextricable saga de los Buendía. «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo», son las primeras palabras de «la novela más hermosa de la lengua española» para Dasso Saldívar, biógrafo de García Márquez. Para el poeta Pablo Neruda era «la mayor revelación en lengua española desde ‘el Quijote’».

Gabo, futuro premio Nobel, había perdido varios empleos como periodista cuando en 1965 se encerró en una habitación de México DF durante 18 meses para narrar la epopeya de los Buendía en Macondo. Tuvo una «revelación» en enero de aquel año, mientras conducía hacia Acapulco. «¡Encontré el tono! ¡Voy a narrar la historia con la misma cara de palo con que mi abuela me contaba sus historias fantásticas, partiendo de aquella tarde en que el niño es llevado por su padre a conocer el hielo!», le dijo a Mercedes, su mujer. En el verano de 1966 la concluía. Arruinado para poder enviar el original por correo a Buenos Aires tuvo que dividirlo en dos paquetes y empeñar una batidora, un secador de pelo y una estufa. No la vería publicada hasta junio de 1967. Su triunfo fue fulminante y agotó la primera edición en unos días. Se ha traducido a más de medio centenar de idiomas y ha vendido más de cincuenta millones de copias legales. Las ilegales ni se sabe. Su autor aclaró que «Macondo no es tanto un lugar como un estado de ánimo».

‘2666’. Roberto Bolaño

La novela póstuma del autor chileno (Santiago, 1953) que residió en Cataluña hasta su fallecimiento en 2003, es una de las más premiadas en todo el mundo. Es un macrocosmos que encierra en sus 1.125 páginas cinco novelas distintas y reúne cientos de historias diferentes. En un viaje narrativo de Europa a México, se pierde en digresiones sobre la historia del siglo XX a través de la vida de Archimboldi, un misterioso escritor.

Sus cinco partes pueden leerse de forma independiente, pero todas convergen hacia una especie de ojo del huracán, una ciudad donde cientos de mujeres son asesinadas tras ser mutiladas y violadas y sus cuerpo hallados en el desierto. La ciudad, que se llama Santa Teresa en el libro, es el trasunto de Ciudad Juárez, donde cientos de mujeres y niñas han sido brutalmente asesinadas desde 1993.

Repleta de reflexiones filosóficas, de enumeraciones –listas de escritores alemanes o de algas, por ejemplo– el lector puede perderse en su mar de personajes. La cuarta parte, que detalla los asesinatos, coloca al lector al límite de lo soportable. Bolaño la escribió sabiendo que se le acababa el tiempo. Esperaba un trasplante de hígado que no llegó, pero se embarcó en un proyecto colosal. La crítica estadounidense ha llegado a compararla, en ambición y méritos literarios en su análisis con Moby Dick.

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