Tim Roth: «Cuando no actúo me convierto en un vegetal»

Tim Roth (Londres, 1961) da vida en ‘La canción de los nombres olvidados’ a un profesor de música cuyos padres acogieron en la II Guerra Mundial a un niño prodigio del violín, un judío polaco que se convirtió en su mejor amigo y que desapareció sin dejar rastro. François Girard, quien ya demostró su pasión por la música en ‘El violín rojo’, dirige esta historia en la que la partitura del tres veces ganador del Oscar Howard Shore cobra un papel relevante.

–Su padre, como el violinista de la historia, se cambió el apellido.

–Sí. Era estadounidense y emigró a Inglaterra de niño. La historia del filme tiene ciertas similitudes con su infancia. Se unió a la Fuerza Aérea en la Segunda Guerra Mundial y se convirtió en artillero de cola en los bombarderos. No hablaba mucho de eso, pero había visto cosas horribles. Decidió cambiar su apellido porque no tenía buena relación con su familia. Eligió un nombre judío y no sé el origen de su decisión.

–¿Aprende de los personajes que interpreta?

–Es algo inevitable. Cuando pasas tanto tiempo investigando sobre un personaje y viviendo dentro de su piel acabas adquiriendo elementos de su personalidad. La interpretación me ha vuelto muy consciente de mis reacciones emocionales. Siempre he sido un fanático de la interpretación física y no tanto de la interpretación del Método. Reconozco que me interesó este papel porque no tiene nada que ver con lo que he hecho hasta ahora. Yo vengo de Inglaterra, donde las líneas que separan el cine, el teatro y la televisión son muy borrosas. Como artista lo importante es encontrar proyectos interesantes y excitantes que te alimenten interiormente.

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–La música de una canción altera las vidas de los protagonistas.

La música es muy poderosa. En la película, Clive Owen como el Dovidl adulto toca una canción al violín después de escucharla en una sinagoga. Howard Shore trabajó meses en ese tema, porque era central en la película. Musicalmente es muy simple; el trabajo estaba desenterrando la verdad del Holocausto. La esposa de Howard, Elizabeth Cotnoir, es experta en música coral judía. Ella y Howard trajeron el canto de la Sinagoga Central a Budapest. Dovidl luego toca la canción en Treblinka.

–¿Le sorprendió que les dejaran rodar en Treblinka?

–Muchísimo, porque nadie había filmado allí antes. Creo que el director escribió a los responsables pidiéndoles contar las atrocidades que allí ocurrieron. El medio día que rodamos en Treblinka fue nuestro único contacto real con el Holocausto.

–Usted saltó a la fama gracias a ‘Reservoir Dogs’. Desde entonces ha aparecido en casi todas las películas de Tarantino.

–En la última me quitó el sitio Brad Pitt (bromea). Tarantino es uno de los pocos directores a los que pedirías que imprimiera sus guiones para leerlos. A veces, cuando lo estás interpretando, te sientes como si estuvieras volando en sus palabras para luego verte golpeado contra la pared. Es un sentimiento alucinante. Lo más notable de los diálogos de Quentin es que improvisa por ti. Me he encontrando preguntándole por el ritmo de varias de sus frases. Reconozco que tenemos una relación bastante buena. Para mí, nadie escribe como él en Hollywood. Lo considero un gran director de actores.

–¿Por qué los actores británicos están de moda en Hollywood?

–Creo que en Los Ángeles hay tantos actores de todo el mundo que lo difícil es encontrar un nativo para protagonizar sus películas y series.

–¿Vive en Los Ángeles?

– Llevo viviendo allí 25 años. Confieso que echo de menos la vida social de Londres, pero en este país nacieron mis hijos, así que me siento americano.

«Tarantino es uno de los pocos directores a los que pedirías que imprimiera sus guiones para leerlos»

«En Estados Unidos nacieron mis hijos, así que me siento americano»

–¿Usted no para de trabajar?

–Soy adicto al trabajo, me convierto en un vegetal si no estoy interpretando.

–Siempre supo que quería convertirse en actor. ¿Quién le inspira en su trabajo?

–Muchos artistas como Gary Oldman, Ray Winstone, Ken Loach, Truffaut y, por supuesto, Robert de Niro.

La música de la barbarie nazi

O. BELATEGUI

El amor por la música es la columna vertebral de la filmografía del canadiense Françoise Girard, que llevó al cine la vida del pianista Glen Gould y con ‘El violín rojo’ obtuvo el Oscar a la mejor banda sonora. La memoria del Holocausto sustenta ‘La canción de los nombres olvidados’, adaptación de una novela de Norman Lebrecht protagonizada por un joven portento del violín que hace frente a la pérdida de los suyos mientras una familia inglesa de acogida intenta potenciar su talento. Tim Roth encarna de adulto al hermanastro obsesionado con encontrar a aquel prodigioso músico, que con el paso de los años adopta los rasgos de Clive Owen. Un personaje más es la conmovedora partitura de Howard Shore.

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